La mirada y la interpretación de Oscar Andrés De Masi, arqueógrafo

martes, 16 de febrero de 2016


Pregunta (ingenua): -¿Deben pintarse las estatuas de bronce?-
Respuesta (categórica y fundada): -¡No!
(Una reflexión acerca de tres casos en la Ciudad de Buenos Aires)












Then & Now...A la izquierda, el Alvear de Bourdelle antes de la pintura. Exhibe la pátina aceitunada propia de la exposición del bronce a la intemperie. Poética expresionista para el metal ennoblecido por el tiempo.. (Foto MF, 2012). A la derecha, el mismo jinete y su cavallo, cubiertos de pintura negra. Una versión tecno-robótica, con un aire a Star Wars...(Foto OADM, 2016)El aspecto actual de la escultura ecuestre de Alvear , obra de Bourdelle..



Desde el título mismo de este post que hoy les propongo, advertirán Ustedes mi posición respecto de este asunto que me ha sido consultado en mis clases, y que atañe a la praxis patrimonial en el capítulo de la conservación de los monumentos éneos (en latín poético= de bronce o de cobre) emplazados en espacios urbanos y a la intemperie;; y que también atañe a la interpretación de la voluntad de forma de tales obras monumentales.

Sabrán disculpar que emplee palabras en griego y en latín, pero no lo hago por mera jactancia erudita, sino para reforzar la densidad semántica de este problema.

El tema adquirió alguna relevancia en el año 2015, cuando por iniciativa del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (vaya a saber qué iluminado tuvo la peregrina idea...) algunos monumentos ecuestres (incluyendo la figura principal y sus figuras complementarias...sólo quedaron a salvo los pedestales de piedra...) fueron  cubiertos con una pintura negra. Los tres casos que recuerdo son: el monumento al Gral.Alvear, el monumento al Gral.Mitre y el monumento al Gral.Urquiza. Si hubo otros casos, en este momento no los recuerdo.

De la noche a la mañana, y especialmente en el monumento a Alvear (obra de Bourdelle), la superficie de bronce y su característica "pátina" verdosa o "aceitunada", apareció homogéneamente negra...He aquí un primer aspecto semántico a considerar. Me refiero a la "pátina" en si misma. La segunda acepción que le atribuye a esta palabra el Diccionario de la R.A. de la Lengua es el "tono sentado y suave que da el tiempo a las pinturas al óleo y a otros objetos antiguos". Hay, pues, una referencia al pasado en toda pátina. Pero no se trata de un pasado que denota simplemente la vetustez e incluso la decadencia: se trata de un pasado que adquiere un sentido "moral", que aporta nobleza y dignidad al objeto (en nuestro caso, al monumento), y que se asocia a la majestad del tiempo, el "Padre Kronos" de la mitología clásica. Alois Riegl lo hubiera identificado como uno de los rasgos perceptivos del llamado "valor de antigüedad" inherente a un bien monumental (El culto moderno a los monumentos)

Pero también el problema estrictamente estético queda implicado en la cuestión. La aplicación de una paleta monocromática y uniforme sobre la pátina de bronce acumulada tras largos años, redunda en una violencia a esa kunstwolen o voluntad de forma relativa al material que ha pretendido el artista. Vale decir, que una parte del programa iconográfico concebido por el escultor estatuario se refiere al aspecto que potencialmente ofrecerá el bronce cuando el paso del tiempo combinado con las condiciones químicas de la atmósfera, operen sobre la pieza. Esta operación (operatio) de oxidadación y corrosión se traduce en una mutación (mutatio), una transformación en el color de la superficie que adquiere. de tal guisa, las tonalidades marrones y verdes. Casi una metamorfosis alquímica...Sin duda, tenían razón los filósofos escolásticos al acuñar la frase operari sequitur esse, o sea, que el comportamiento de un ser cualquiera será consistente con su naturaleza. Así el bronce. 

Los escultores bien formados conocían cabalmente estas propiedades del bronce y de ningún modo ignoraban que ellas iban a traducirse en unos asientos diferenciados de color y tonalidad en la superficie estatuaria, siguiendo el derrotero físico de las concavidades y las convexidades propias de la masa metálica en 3D. En suma, el bronce, así expuesto a la intemperie y a sus efectos químicos, forzosamente reaccionará ofreciendo al epectador la belleza de su pátina; y en ello encontrará el artista un recurso expresivo que dudo en llamar "adicional" y quizás deba llamar "inherente". A tal punto era estimada la ocurrencia de la pátina, que existía como complemento del taller de escultura y fundición, el oficio de "patinador" de esculturas, quien "anticipaba artificialmente" ,por así decirlo, el efecto reservado al tiempo.

El bronce,"bañado" casi lustralmente  (como la fuente Castalia bañaba a los peregrinos de la sibila en Delfos), revela unas potencias ikónicas que, incluso, podrían exceder la misma previsión visual (imago) del escultor, pero que, indudablemente, dotarían a la obra de un nuevo código de lectura. Dicho de otro modo, es como si el mismísimo Tiempo (Kronos) se agregara como un co-artista, adveniente, y subalterno, a la voluntad expresiva del autor...
Quizás suene exagerado, pero me parece que le añade al problema la poética necesaria...

Digamos entonces que la pátina no es un mero accidente en la conducta material de la escultura, sino un evento deseado y previsto por la voluntad formal del artista, el cual sabe que su obra estará sometida a la acción aleatoria de la intemperie y el tiempo con sus mudanzas, como decía el poeta español.

Existe, además, un aspecto funcional en la pátina, que se vincula con la protección del bronce. Cualquier restaurador competente conoce esta situación  y sabe apreciar y respetar este carácter protector de una buena pátina ya estabilizada y solidarizada con su soporte metálico.

Ahora bien, la aplicación de productos superficiales que le añaden a la obra estatuaria una capa de color (en estos casos, de color negro) contradice las dos variables que hemos enunciado: la estética (porque altera el aspecto perceptivo visual de la pieza logrado a través de micro cambios sutiles y graduales a través del tiempo) y la conservativa (porque priva al metal de un medio de protección natural y ya solidarizado con él)

Hay, además, otro aspecto que deseo exponer ante Ustedes. No sé cómo llamarlo con precisión, pero quizás se relacione con aquel punto de dignidad y de nobleza que mencioné al comienzo. Me refiero a la proletarización de los monumentos de bronce así cubiertos de pintura, es decir, su burda igualación superficiaria y cromática en clave de negro, como si se tratara de piezas salidas de una linea de montaje para automóviles o para heladeras o el artefacto que fuere menester pintar .¿Dónde queda entonces la inquietante variedad expresiva de cada bronce? ¿Dónde queda ese misterio in progress y casi alquímico que plantó el escultor al ejecutar la pieza y que sólo décadas más tarde irá a manifestarse en una epifanía visual imposible de predecir  de antemano?

Una pátina de bronce anulada por la aplicación de pinturas sobre ella es, a la postre, un acto de vandalismo patrimonial indeseado pero que produce efectos irreversibles. ¿Quien será capaz  de rehacer cada microscópico detalle de la pátina ya recubierta en el monumento a Alvear o a Mitre o a Urquiza, una vez removida o desgastada la pintura negra? Nadie podría hacerlo.

Por otra parte (y entrando ahora en las doctrinas y las normas comúnmente aceptadas para la intervención de los bienes patrimoniales), una capa de pintura (negra en este caso) es un falseamiento histórico y filológico  del bien en cuestión, que ha de soportar productos  ajenos a su origen y con efectos visuales extraños a su autenticidad material. Incluso, en opinión de respetables restauradores con quienes he conversado este tema, los recubrimientos pigmentados, por más leves que sean, inevitablemente penetran en la pátina y allí permanecen, lo cual torna difícil y costosa su remoción. Hay otras consecuencias químicas que me han sido explicadas, pero cuyo detalle prefiero ceder a los profesionales con el debido expertise disciplinar.

Lo reitero: bastante trabajo le ha costado a la noble pátina el hacer la poiesis de su obra estética y volumétrica, y consolidarse como un medio co-expresivo protector del bronce...y en apenas pocas horas, una mano de pintura negra destruye este esfuerzo del tiempo y del ambiente urbano, cómplices a su modo del artista y hasta, quizás, de nosotros mismos como espectadores.





El aspecto actual de la escultura ecuestre de Alvear , obra de Bourdelle..
Rigidización de los dinamismos plásticos, homogeneización de la superficie énea, eliminación de los trazos aleatorios de la pátina, pérdida de los tonos de verde, pobreza textural...¿Semejanza con un autómata a punto de levantar vuelo? (Foto OADM, 2016) 






1 comentario:

  1. Maria T. Margaretic18 de febrero de 2016, 07:50

    Coincido con usted Dr. Le agregó al falso histórico, el tema de la preservación, quien controló y examinó químicamente la pintura negra. Hay ignorancia y desidia patrimonial por parte de las autoridades de la ciudad.

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