La mirada y la interpretación de Oscar Andrés De Masi, arqueógrafo

martes, 16 de junio de 2020

BICENTENARIO DEL FALLECIMIENTO DEL GENERAL BELGRANO



BUSTO DE DON MANUEL BELGRANO en la Casa Central del Banco Provincia

Por Oscar Andrés De Masi
Para Viaje a las Estatuas
Junio 2020

Foto gentileza Museo y Archivo Históricos Bapro.



La obra:

El busto, realizado por Juan Carlos Ferraro en bronce (de 87 x 52 x 52 cm), se ubica en el amplio ex salón operativo de la Casa Central, haciendo pendant con el busto del Gral. San Martín (obra de Manuel Alejandro de Llano). Dos piezas de la Colección del Banco, de singular interés, que, seguramente, hemos visto tantas veces, mientras aguardábamos en la fila de cajas. Al menos, en mi caso, siempre me llamaron la atención, por la calidad de su modelado, por la evidente "voluntad de forma" vanguardista de su lenguaje, y por el sentido de homenaje institucional a dos próceres indiscutidos. Su sola presencia en un espacio tan privilegiado, recapitula esa constante en la agenda cultural del Banco, que fue la mirada histórica y el aprecio artístico.

He aquí un retrato de Belgrano. Pero no me animaría a etiquetarlo como un "vivo retrato", maguer su intención figurativa: los rasgos han sido trazados con marcada estilización y geometrismo, dotando al rostro de un cierto hieratismo inmóvil (obsérvese las cuencas vacías de los ojos, la perfecta simetría de la sinuosa comisura de los labios, el eje marcado por la línea recta de la nariz) que parece reconciliar el lenguaje moderno de la técnica con cierta expresión clásica, tal vez más arcaizante que academicista.

El busto postula una representación del prócer en su faceta civil, luciendo la característica "chorrera" con que se lo ha retratado frecuentemente: un adorno volante de tela que guarnecía la tira de ojales de la camisa y cuyo nombre alude a la semejanza con la forma de un líquido cayendo sobre la pechera. Se la puede ver, por ejemplo, en el famoso óleo pintado en Londres en 1815.

El recurso expresivo elegido por el artista, tanto para el modelado de la figura como para el atractivo acabado de la superficie del metal (el color de la pátina es un aspecto notable) ofrece una resignificación reconocible de los rasgos y el atuendo de Belgrano en los años de su tarea como secretario del Consulado de Comercio (desde 1794) cuya sede se ubicaba, precisamente, en el solar que hoy ocupa la Casa Central del Bapro.

Ello confiere a la escultura y al tributo que ofrece, un valor de consistencia con la memoria inmaterial del lugar donde se emplaza, que goza de una declaratoria nacional.

Aunque, también, podría tratarse del momento en la vida de Belgrano de su desempeño diplomático en Londres (1814-1815), cuando, ya más maduro, fue retratado en el mencionado cuadro, luciendo la chorrera a la moda, y con rasgos faciales (cejas delgadas, labios  finos, nariz afilada) y peinado (el rulo que cae sobre la frente) muy similares a esta cabeza.


El autor:

Juan Carlos Ferraro fue un prolífico escultor y medallista argentino contemporáneo (BA. 1917-2004). En los años de su formación trabajó en el taller de Luis Perlotti. Fue, además, aficionado al tango y al lunfardo. Sus obras abordan la temática patriótica, popular y funeraria, y se hallan en numerosos espacios públicos del país: edificios gubernamentales, plazas y parques, cementerios etc. También hay obras suyas en el exterior.
Ferraro tuvo ocasión de retratar a Belgrano, además, en una medalla (el prócer luce uniforme militar), y en un busto destinado al Salón Blanco de la Casa de Gobierno, cuya encomienda obtuvo por concurso.


Nota de agradecimiento:
La información relativa a las medidas del busto, me fueron facilitadas por el Archivo y Museo Históricos del Bapro.
La fecha de nacimiento de JCF (que ha sido motivo de discrepancias en algunas biografías) me fue confirmada por la familia del escultor.




domingo, 31 de mayo de 2020

EL EDITOR DE NUESTRO BLOG HA SIDO CONVOCADO POR LA UNIVERSIDAD DE SAN ISIDRO (USI) PARA INTEGRAR Y ANIMAR LA CÁTEDRA EXTRACURRICULAR DE ESTUDIOS SOCIALES Y CULTURALES "ADRIÁN BECCAR VARELA".


Hace pocos días, la USI ha resuelto la creación de la cátedra extracurricular de estudios sociales y culturales que lleva el nombre de Adrián Beccar Varela. Con este motivo, el Dr. Oscar De Masi, biógrafo del patrono de la cátedra, ha sido invitado a sumarse a este esfuerzo y se le ha solicitado un texto que sintetice los valores de ABV como ciudadano, lider comunitario, dirigente deportivo, historiador, jurista y funcionario público.

Ofrecemos a los lectores de nuestro blog el texto completo, cuyo título es Adrián Beccar Varela: constructor de identidad, constructor de comunidad.

En breve habrá novedades acerca de la actividad de la cátedra, prevista para el segundo semestre del año.


Foto Museo, Biblioteca y Archivo Histórico Municipal 
de San Isidro "Dr. Horacio Beccar Varela".


ADRIÁN BECCAR VARELA:
CONSTRUCTOR DE IDENTIDAD, CONSTRUCTOR DE COMUNIDAD

Por Oscar Andrés De Masi*
17-V-2020


Respondiendo a la honrosa invitación que me ha formulado el señor Rector de la Universidad de San Isidro, me congratulo en asociarme a la creación de la "cátedra extracurricular de estudios sociales y culturales Dr. Adrián Beccar Varela". Un nombre elegido con acierto, tratándose de un espacio que aspira a recuperar saberes, recuerdos y experiencias acerca del patrimonio identitario, el entramado de vínculos históricos y los valores sociales que cimentan la construcción de una comunidad en acto continuo.

Adrián Beccar Varela fue un constructor de identidad y de comunidad.

Y la efemérides que la USI ha indicado para la presentación oficial de esta cátedra extracurricular -este 17 de mayo- coincide con un episodio deslumbrante que compendia el élan de Adrián Beccar Varela y que quisiera relatarles a modo de prólogo.

Aquel 17 de mayo de 1929, comenzaba a sesionar en Barcelona el Congreso Mundial de la FIFA, presidido por el mítico Jules Rimet. Iba a debatirse cuál sería la sede del primer campeonato mundial de fútbol y un argentino sanisidrense se disponía a proponer y a fundamentar una moción audaz: que la copa se jugara en Sudamérica, más precisamente, en el Uruguay. Ese delegado dispuesto a postular las excelencias del fútbol rioplatense se llamaba Adrián Beccar Varela. Su palabra mesurada pero categóricamente convencida, hizo revivir en los presentes el dramatismo de la final de las Olimpíadas de Amsterdam, un año antes, cuando la Argentina se enfrentó al Uruguay en un encuentro que la prensa etiquetó como "el match del siglo". Al finalizar su discurso, obtuvo el voto favorable del Congreso, con el apoyo de Italia y de España. Aquella memorable asamblea deportiva fue su último acto público. De regreso a Madrid, una súbita enfermedad acabó con su vida en pocos días. Sin saberlo, sin imaginarlo, al sostener la palabra henchida de identidad americana ante el foro mundial del fútbol, Beccar Varela aureolaba su biografía con el nimbo póstumo de un logro internacional. Pero los orígenes permanecían, todavía, allá lejos y hacía tiempo, en el paisaje de un río y unas barrancas sobre las cuales nació ese poblado de San Isidro que fue su cuna y su escuela, su atrio y su fuego, su comunidad de pertenencia.

Adrián Beccar Varela, por las circunstancias de su ambiente familiar y social, por los rasgos ejecutivos e inquietos de su personalidad, y por una marcada vocación de servicio a la comunidad, fue uno de aquellos líderes sociales de comienzos del siglo XX para quienes la utopía era posible, en el contexto de esa Argentina que debía su ingente riqueza, todavía, a los ganados y las mieses, pero que debía distribuirla, ahora, en favor del conjunto social, comenzando por la mejora del habitar urbano.

Aquel San Isidro, patriarcal aún y de perfiles veraniegos, encontró, en él, al visionario, al intérprete y al promotor de una modernidad fermentada en su pensamiento desde tiempo atrás, y que persistirá en iniciativas posteriores a su intendencia. Era el momento histórico para traducir en infraestructura, en equipamiento y en servicios, las demandas de una nueva escala comunitaria y de una nueva identidad, ya urbana, aunque puesta previsiblemente en tensión por los reflejos refractarios al cambio.

En un primer nivel de análisis retrospectivo, podemos afirmar que Adrián Beccar Varela "pensó" a San Isidro en términos de un planeamiento urbano que reflejaba, inevitablemente, los indicadores buscados y logrados por la Capital: sanidad e higiene públicas, abasto, pavimentación y transporte, estética edilicia, ordenamiento fiscal, radicación de industrias, cultura, recreación y deportes, ornato, equipamiento, forestación e iluminación del espacio público, dispositivos monumentales y conmemorativos… Su visión abarcó todos estos rubros de una agenda municipal á la páge, que suenan tan modernos, y, de hecho, lo son.

Un segundo nivel de análisis revela que la mirada política de Adrián Beccar Varela no agotaba su horizonte en las mejoras materiales ni en los agendas tecnocráticas ni en la mera estadística que satisface una memoria de gestión. Para él, la comunidad de vecinos era comunidad de familias arraigadas en un territorio concreto, unidas en ese continuum que atraviesa el tiempo y que atesora la memoria, bajo la forma de relatos y saberes, de costumbres y de prácticas, de mitos y de ritos: ¿cómo pensar a la comunidad despojada de identidad? ¿cómo dar el salto hacia el futuro sin el trampolín de la historia? ¿cómo recorrer el sendero sin pisar las huellas de los "padres fundadores"?. Por eso, se propuso también resignificar desde el imaginario histórico, a aquel San Isidro que sentía tan suyo, pero en el relato mayor del pasado argentino. Y a través de sus ensayos históricos y de sus propuestas monumentales, consiguió ambas cosas. La comunidad de los vivientes se solidarizaba, así, en perfecta circularidad de sentidos, con el legado de los ancestros, ilustres o modestos, célebres o anónimos. No en vano, una de sus iniciativas más perentorias fue la renovación del pórtico del Cementerio Central, en clave monumental. Allí estaba, intramuros de la ciudad de los muertos, el anclaje colectivo en un pasado irrenunciable y con un mandato de ejemplaridades solariegas y raigales. El discurso que pronunció en aquella ceremonia inaugural hace explícita esta semántica de continuidades identitarias.

Su intendencia fue breve pero llamativamente creativa y fecunda. Prueba del alineamiento de todo el conjunto de los operadores municipales y del consenso vecinal que debió acompañarlo y, a la vez, de su capacidad para "ver" por anticipado un futuro que debía instalarse sin excusa en San Isidro, y que en nada se contradecía con ese "tradicionalismo" tan arraigado en su pueblo natal. Extendió su acción, más allá de San Isidro, también a la Mar del Plata de la Belle Époque y a la Capital, en roles diferentes, pero en momentos de transición a una modernidad irrefrenable.

Más de un siglo después de su gestión como intendente, y casi un siglo después de sus actuaciones, marplatense y porteña, el paradigma de planificar ciudades en términos de "calidad" (ciudades inteligentes, bellas, higiénicas, ambientales, conectadas, productivas, inclusivas e integradoras), bien puede reconocer en él a un pionero.

Pero, más aún, la utopía de construir comunidad (esa deuda pendiente de los argentinos) no podría prescindir, en su inventario y en su búsqueda de modelos iluminadores, de la figura de Adrián Beccar Varela
 
Su maduración profesional fue el fruto de una progresiva y rigurosa experiencia, y el reflejo de la gravitas con que encaró el estudio y la resolución de las cuestiones sometidas a su intervención. No fue improvisado ni fue frívolo, y su ética fue irreprochable. Tres notas que bastan para calificarlo como dirigente político, social y hasta deportivo.

Adrián Beccar Varela vivió en una Argentina de intensas transiciones políticas, económicas y sociales: del "mitrismo" al "roquismo", del "régimen" a la "causa", del "personalísmo" yrigoyenista al "alvearismo"; del menoscabo al inmigrante, a su definitiva integración ciudadana; de la ausencia de legislación social, a la instalación de la cuestión obrera en la agenda parlamentaria; del modelo de país pastoril, a una incipiente industrialización; del suburbio aldeano y patriarcal, al suburbio moderno y urbano. A modo de metáfora, conoció, en el lapso de su existencia, la iluminación a velas, a kerosene, a gas y a electricidad…

Todas estas transiciones ocurrieron en el arco de sus cuarenta y nueve años de vida. Fue testigo de las tensiones y los conflictos inherentes a estos procesos de cambio social. Y fue, también, gestor, en la medida de sus incumbencias profesionales y de sus inquietudes vecinales, de los ajustes que estos procesos imponían en las diferentes escalas territoriales: en la Capital del país, en la villa veraniega marplatense y en San Isidro.

Nació y creció en un ambiente plagado de "doctores" en derecho vinculados con los círculos de poder, que frecuentaron la función pública y en ella consolidaron su prestigio: su padre, su suegro, su hermano Horacio, muchos de sus amigos. Su desempeño profesional fue casi un mandato que lo orientó fuertemente al derecho administrativo municipal y al derecho electoral, dos segmentos del universo jurídico público tan sensibles a la construcción de ciudadanía. No fue poeta ni fue literato, porque su foco se centraba en los temas concretos de la vida comunitaria y de la crónica histórica, antes que en la vibración lírica o en la imaginación de ficciones narrativas. Sin perjuicio de ello, supo transformar la memoria de ciertos hitos referenciales de su pueblo, en "relatos" dotados de un sentido identitario que excedía los confines del Pago de la Costa. Así, la chacra de Pueyrredon y su añoso algarrobo, concebidos como escenario de la germinación del plan continental sanmartiniano, ingresaron al imaginario colectivo por obra de su pluma. A partir de su relato, aquel sitio sanisidrense revestido de aristocracia lugareña, se volvió un "semióforo" para tofos los argentinos.

Con un sorprendente despliegue de dinamismo ejecutivo, actuó en forma simultánea en organismos públicos estatales, en la profesión liberal como abogado y también  en instituciones de interés social, tales como comisiones especiales y asociaciones civiles.

Fue un temprano y lúcido dirigente deportivo argentino, que advirtió, especialmente en el fútbol, un potencial de cohesión, salud y disciplina social. Para Beccar Varela, el deporte no era un mero pasatiempo, sino un componente de la agenda social en un país necesitado de integración. Su actuación, en los albores de la institucionalización de este deporte, permitió superar el ciclo del llamado "cisma" futbolístico de las ligas, en nuestro país. Trajo a la Capital el fútbol del interior y viceversa. Y llevó el fútbol argentino fuera de nuestras fronteras, con la alta divisa de la moral deportiva y la calidad del juego.

Su aporte a la consolidación de una comunidad futbolística sudamericana es uno de sus méritos, coronado con la obtención del acuerdo para que Uruguay fuera la sede del primer campeonato mundial de fútbol. Al defender aquella postulación que hoy recordamos, Beccar Varela desplegó no sólo argumentos deportivos (que Uruguay había triunfado ya dos veces en los Juegos Olímpicos y que el fútbol sudamericano exhibía un desarrollo ostensible), sino, a la vez, razones de memoria histórica: en 1930 iba a cumplirse el Centenario de la jura de la Constitución uruguaya. Nuevamente, la narrativa de Adrián Beccar Varela aunaba presente y pasado, y ponía en balance lo tangible y lo intangible, como suma de valores identitarios, en este caso, llevando la idea de comunidad a la escala de lo que hoy llamaríamos el MERCOSUR. Ello explica por qué una calle lateral al estadio "Centenario" de Montevideo se bautizó, en 1930, con el nombre de Adrián Beccar Varela.

La Iglesia Católica lo contó entre sus adherentes, tanto en la faz devocional, como en las vertientes sociales que, a partir de la encíclica Rerum Novarum, se desplegaron en los países católicos y que, en el caso de la Argentina, tuvo concreción en la prédica y en la acción de Monseñor De Andrea y en los programas de la Unión Popular Católica, entre otras instituciones. Participó, como profesor, en la temprana Universidad Católica establecida en Buenos Aires. Fue liberal y católico, a la manera de Frías o de Gallardo. Sus descendientes suelen mencionar que era uno de los pocos varones que concurría al templo de San Isidro llevando el misal en la mano. A diferencia de otros caballeros de su generación, no lo inhibían falsos pudores, a la hora de visibilizar sus creencias religiosas.

Siempre me he preguntado: ¿a qué otros logros lo hubiera conducido el destino, de haber vivido más largamente? No podríamos saberlo. Basten los cuarenta y nueve años que van de 1880 a 1929, para dar cuenta suficiente de quien fue y qué hizo Adrián Beccar Varela, un ciudadano que supo encarnar aquel timbre excelente que Max Weber atribuyó a la pléyade de servidores estatales, del Kaiser primero y de Weimar después: el honor de ser funcionario público. Un "honor" en singular que, lejos de infatuarse en los "honores"  y privilegios que suelen decorar los cargos públicos, fue el motor y el nervio de un compromiso permanente con esa utopía-posible (maguer la aparente contradicción en los términos), que a falta de mejor nombre, seguimos llamando la comunidad.

Al adherirme a la creación de la cátedra extracurricular bautizada con el nombre de Adrián Beccar Varela, ofrezco a la USI mi colaboración en el esfuerzo de investigar, socializar y debatir, desde este espacio académico, aquellos contenidos inherentes a la historia, a la cultura y al patrimonio identitario de esa comarca que antaño se llamó el Pago de la Costa, y que hoy integran las comunas de San Isidro, Vicente López, San Fernando y Tigre.

*Abogado, historiador e intérprete del patrimonio monumental y artístico.
Biógrafo de Adrián Beccar Varela.
Autor del libro Adrián Beccar Varela: la tradición como identidad, el progreso como mandato (Maizal ediciones, San Isidro, 2018) y realizador del cortometraje digital Adrián Beccar Varela: la utopía posible.




martes, 12 de mayo de 2020

EL EDITOR DE NUESTRO BLOG RESGUARDA DOCUMENTACIÓN HISTÓRICA DE LOMAS DE ZAMORA: LOS PAPELES DE MAGGIE CALDERWOOD DE PEREUILH




Margarita Calderwood de Pereuilh ("Maggie") nació en 1916 y falleció el 26 de diciembre de 2019. De haber vivido hasta febrero de este año, hubiera llegado a cumplir 104 años. Una larga vida de arraigo en Temperley, plena de recuerdos vinculados a la identidad británica de las viejas Lomas de Zamora, sus familias y sus instituciones. Era una figura conocida y querida en el medio local. Su pequeña y pintoresca casa de la calle Suárez, en el corazón del Barrio Inglés, era una referencia a aquel ayer lomense.

Se había casado con el escribano Juan Esteban Pereuilh, vástago de una antigua familia francesa afincada en Temperley. También él era una figura identitaria. La callejuela que pasa por delante de la estación de Temperley lleva el nombre de su abuelo, Juan B. Pereuilh, primer jefe de aquel hito ferroviario del Ferrocarril del Sud.

Días después del fallecimiento de Maggie, y respetando los plazos que marca el luto, el Dr. De Masi y la señora Mónica Highton (sobrina de la extinta) consensuaron la preservación de las fotografías y papeles de carácter histórico que existieran en la casa de la calle Suarez, con destino al Fondo De Paula que se custodia desde 2008 en el Museo del Banco de la Provincia de Buenos Aires. Allí será preservado este material, luego de su primera clasificación a cargo del editor de nuestro blog e historiador del pasado lomense.

El día 21 de enero de 2020 el Dr. De Masi se acercó a Temperley (en compañía de Marcelo De Masi y de Andrea Woytovich) y fue recibido por la señora Vicenta Meza, colaboradora y asistente de Maggie durante décadas. Fue un momento de callada emoción: allí estaban, sobre una amplia mesa, las viejas fotografías y los viejos papeles que habían sobrevivido a una limpieza que Maggie dispuso diez años atrás. Lo que se salvó fue retirado por el editor de nuestro blog y está en proceso de inventario y primera clasificación.




Podemos adelantar que es de sumo interés el material fotográfico en blanco y negro, que registra momentos sociales y familiares de Maggie y el escribano Pereuilh, y, también, sus numerosos viajes por el país y por Europa. Una vez concluida esta primera clasificación, los papeles y las fotografías pasarán al Museo del Banco Provincia, donde podrán ser consultados en forma gratuita por los investigadores de la historia lomense.

De este modo, una vez más (recordemos los anteriores resguardos que cumplió De Masi, de la colección Duchini y del archivo y biblioteca De Paula), el editor de nuestro blog se compromete activamente con la preservación de aquel patrimonio que registra la memoria identitaria de un distrito tan rico en historia como Lomas de Zamora.

-La falta de instituciones idóneas en Lomas de Zamora donde pueda resguardarse y gestionarse este tipo de patrimonio documental, no debe ser obstáculo para su preservación. En este sentido, el Fondo De Paula o la colección Duchini, alojados en el Museo del Banco Provincia siguen siendo un destino fiable que garantiza la guarda del material y su posterior accesibilidad- dice De Masi.

Y añade: -Hace treinta años, visitamos a la señora Maggie Carlderwood junto a Duchini y De Paula. No recuerdo si estaba el escribano Pereuilh ese día. Pudimos revisar junto a ella numerosos papeles que, lamentablemente, hoy se han perdido (por ejemplo los libros del corralón de Pereuilh). Duchini siempre abrigó la esperanza de que Pereuilh o Maggie se los entregaran en donación para su Museo. No pudo ser entonces pero, misteriosamente, ahora van acercándose a ese destino final que, tanto sus objetos como los documentos de Alberto de Paula, han hallado en el Museo Jauretche. Enhorabuena…-










jueves, 16 de enero de 2020

DE CÓMO LA PRECIPITACIÓN DE UN CERDO (¿VIVO O MUERTO?) DESDE UN HELICÓPTERO ME RECORDÓ LA INCONSISTENCIA Y LA FALACIA DE CIERTAS DECISIONES DE LA ACTUAL CONDUCCIÓN DE LA COMISIÓN NACIONAL DE MONUMENTOS, BASADAS EN LA IGNORANCIA Y LA ARBITRARIEDAD… (SI QUIEREN ENTERARSE, VAN A TENER QUE LEER LO QUE SIGUE)


Por Oscar Andrés De Masi
Para Viaje a las Estatuas


Un guarango argentino arroja un cerdo (¿vivo o muerto?) a una pileta desde un helicóptero, mientras los recipiendarios del fiero pasto (como Dante califica el desayuno infernal del Conde Ugolino) festejan a carcajadas y registran la escena en video. Nada edificante: la palabra, siempre con pretensión definidora, se muestra indigente cuando se trata de calificar semejante conducta. La ritualidad autocelebratoria veraniega de los guarangos satisfechos queda, una vez más, nimbada por la obscenidad propia de las seudo-élites-mersa-fashion-vernáculas… La distancia que media entre el "tirar manteca al techo" de los fumistas de la oligarquía, y despachar un cerdo en caída libre rumbo a la pileta, queda resuelta, así, en una metáfora degradada de nuestras clases pudientes, las del pasado y las del presente: el ethos impune es el mismo, con la diferencia de que, ahora, la estética de la nueva subjetividad y el happening sin improvisación, se construyen en  un sentido atroz y descendente, atraídas por la inexorable necesidad de una ley de gravedad física y moral.

Quizá, tras haber visto en YouTube una grabación donde uno de los sujetos partícipes del jolgorio se presta a una entrevista con aires de politólogo, uno comienza a entender cuánta razón tenían los escolásticos tomistas al postular aquello de que operari sequitur esse… la operación sigue al ser; vale decir, la conducta de un ser determinado será, siempre, consistente con su naturaleza.

Insisto: baste con ver la entrevista para establecer con una certeza infalible que nada rescatable podría esperarse de la cabeza de un natural born imbecile, cuya tarea más apremiante, como ciudadano útil, sería volver a la escuela para aprender a hablar con un mínimo de sintaxis y prosodia. Y recién luego, pasar a la clase de lógica, para aprender a pensar en términos de una aceptable hominización evolutiva.

Pero, en fin, no quiero distraerlos con caracterizaciones que, ante casos como èstos, quizá un Lombroso podría postular con suficiente calibre. Quiero hablar de otra cosa. Quiero hablar del trato (o del maltrato) a los animales. Y quiero que el tema nos conduzca a la actual dirección de la Comisión Nacional de Monumentos, pasando por la escala de la figura ejemplar del Dr. Albarracín.

Hoy parece natural hablar del maltrato animal y repudiarlo. Es un tema de la "agenda" social. Enhorabuena. Pero antes no era así. Y si hubo, en nuestro país, pioneros en esta materia, sobresale entre ellos el Dr. Ignacio Lucas Albarracín.

No voy a contar su biografía. Ya su apellido permite establecer su parentesco sarmientino: era sobrino segundo de Sarmiento. Era abogado y jurisconsulto, nunca aceptó cargos públicos y fue un temprano defensor de los derechos civiles de los aborígenes en nuestro país. Y fue, por sobre todo, un defensor de los animales.

Al Dr. Albarracín se debe el logro de la Ley nacional Nº 2786 de Protección de los Animales (1891).

Son conocidos episodios de su vida en que, caminando por las calles de la Capital, increpó con firmeza e hizo detener por la policía a aquellos despiadados "careros" que azotaban a mansalva a sus caballos. Fue el promotor de la prohibición de las riñas de gallos en Buenos Aires en 1885. Y obtuvo del presidente Carlos Pellegrini un decreto prohibiendo las corridas de toros en todo el país. También realizó intensas campañas contra la práctica del "tiro a la paloma". Y instancias suyas, el Consejo Nacional de Educación dispuso que a partir de 1907 se celebrara cada 29 de abril el Día del Animal. Digamos que no son pocos los méritos del Dr. Albarracín.

Por tales razones, por la trascendencia de su actuación social, y el valor ejemplar de sus principios y acciones, junto a mi colega y amiga María Cristina Echazarreta solicitamos a la Comisión Nacional de Monumentos (presidida por la actual presidenta), la declaratoria de su tumba, situada en el sector antiguo del Cementerio de Lomas de Zamora, en la categoría de sepulcro histórico nacional , prevista en la normativa vigente (Ley 27103).

El pedido de declaratoria fue apoyado por el Instituto de Derechos del Animal del Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires, la Fundación Azara y el Instituto Histórico de Lomas de Zamora.

Para mi sorpresa, mediante la Nota Nº 1328 del 14 de octubre de 2016, la presidenta de la Comisión me informaba que el Cuerpo Colegiado [reunido en sesión ejecutiva del 14 de setiembre pasado] concluyó que no se encuentran suficientes elementos valorativos desde el punto de vista patrimonial para una declaratoria como la solicitada, razón por la cual se acordó no propiciar la misma. (sic)

Tal fue mi estupor ante la estulticia y la ignorancia supina que destilaba esta nota, que decidí apelar la decisión de la Comisión, explicando, nuevamente y con la paciencia de monje tibetano que recita un mantra por milésima vez, cuáles eran los muchos méritos del Dr. Albarracín, por si acaso los antecedentes del pedido no hubieran sido leídos con atención.

Yo le decía a la presidenta de la Comisión Nacional, entre otras cosas:

Ahora bien, el cuerpo colegiado, dice Usted en su nota, no halla suficientes elementos valorativos desde el punto de vista patrimonial (sic) para declarar el modesto sepulcro de Albarracín…Permítame preguntarle con el debido respeto: ¿qué tipo de elementos valorativos (sic) necesita para ello? La documentación acompañada es más que suficiente: informe histórico y condición jurídica, ubicación topográfica, Informe patrimonial (ponderando las condiciones  de autenticidad en que esa tumba llega hasta el presente), semblanza biográfica de Albarracín, croquis y alzada del monumento según el expediente municipal original, y fotografías actuales. ¿Qué más hace falta para satisfacer la apetencia de elementos valorativos (sic) del cuerpo colegiado? ¿traer la lápida a la mesa del directorio?¿traer el ataúd de Albarracín y, de paso, contemplar sus mismos despojos (cualquiera sea su condición tanatológica…)? ¿qué otros elementos valorativos (sic) necesita la Comisión Nacional para su análisis?. Baste decirlo e intentaremos aportarlos.

Pero, lo que más preocupa en esta decisión es, quizá, la errónea fundamentación que se desprende del propio texto de la nota: porque, tras afirmar que no hay en la tumba de Albarracín suficientes elementos valorativos (sic), agrega el concepto desde el punto de vista patrimonial (sic). Y he aquí el yerro conceptual que se produce por no concordar la lectura del inciso 11 del artículo 4º de la Ley 27103 , con la norma del año 1947 (no derogada) que establece los dos simples requisitos fácticos para proceder a una declaratoria como sepulcro histórico nacional: que hayan transcurrido 50 años desde la muerte de la persona a homenajear y que sus restos estén en la tumba. Lo demás, lo patrimonial en términos conceptuales es, simplemente, el mérito histórico de la persona allí sepultada.

Vale decir, que es un error analogar los valores patrimoniales de un sepulcro histórico con el mérito de su singularidad artística o la riqueza de su expresión arquitectónica, empleando un parámetro esteticista que no cabe en estos casos y que debe reservarse para la evaluación de otras categorías que contempla la ley, como por ejemplo, el bien de interés artístico nacional o el bien de interés arquitectónico nacional .

¿Cuáles son, pues, los valores patrimoniales inherentes a un sepulcro histórico nacional?. Permítame Usted explayarme académicamente en este punto: en el caso de los sepulcros históricos, el único elemento valorativo desde el punto de vista patrimonial (sic) que cabe ponderar es la densidad de memoria histórica del muerto, la relevancia nacional de su actuación pública y ciudadana y, por supuesto, los dos recaudos fácticos que antes mencioné (transcurso del plazo de 50 años y existencia de los restos in situ). Sólo estos criterios cabe pedirle a un sepulcro histórico. No hace falta que sea colosal, como una pirámide egipcia… ni que posea la gravitas pétrea de cualquier tumba gisant de Saint Denis… ni que contenga un tesoro, como el hipogeo de Tutankamón…ni que sea severa y majestuosa como la tumba de Napoleón… ni que recapitule retóricas patrióticas, como el mausoleo del Gral. San Martín o el monumento recoletano del Cnel.Brandsen, por citar algunos ejemplos locales…¡Si lo fuera, tanto mejor…!

Pero toda otra pretensión que pase en forma excluyente por el meridiano de la estética o de la escala (como si únicamente lo que es "bonito" o "de gran porte" fuera sinónimo de patrimonio…) redunda en una sobreexigencia anacrónica y ajena a esta clase de "bienes patrimoniales" previstos por la normativa vigente y que, no cabe duda, son los sepulcros de argentinos meritorios.

Así fuera una simple losa de mármol colocada sobre una huesa, si el muerto está allí, si tiene méritos ciudadanos de alcance nacional y si murió hace más de 50 años… entonces no hay discusión posible ante el pedido de declaratoria elevado por otros ciudadanos al amparo del derecho constitucional de "peticionar ante las autoridades": su sepulcro debe ser declarado histórico. Tal es el caso del sepulcro del Dr.Albarracín.



Pero todo este andamiaje argumental, que a mi me parecía el colono del silogísmo aristotélico (ad hominem, ad verecundiam, ad absurdum, ad nauseam…) fue en vano: nuevamente la Comisión rechazó el pedido, con la diferencia de que ahora, advertidos de la bouttade contenida en la carta anterior, se cuidaban de decirme que este rechazo no implicaba un desdén hacia Albarracín y que, en cambio, se basaba en el absurdo, falaz y arbitrario argumento de que la Comisión ya no declaraba sepulcros individuales…!!

Y paso a explica por qué digo ABSURDO , FALAZ y ARBITRARIO

Digo ABSURDO porque la categoría de Sepulcro Histórico Nacional (así, en singular) está entre las trece categorías que habilita la Ley 27103. y, en general, los sepulcros suelen ser individuales, aun cuando existan sepulcros colectivos (panteones o columbarios);

Digo FALAZ porque mientras la Comisión me engañaba con este argumento, se tramitaba la declaratoria del sepulcro individual del pintor argentino Carlos de Larrañaga, finalmente aprobado por Decreto del PEN…

Digo ARBITRARIO por lo mismo que los sepulcros individuales pareciera que se declaran de acuerdo al capricho y talante de alguien en ese directorio, de modo tal que la memoria funeraria de Larrañaga (a quien no objeto en absoluto) merece más tributo patrimonial que la memoria de Albarracín...

Y de este modo, amigas y amigos, he intentado transmitirles por qué, cuando supe que un guarango argentino había arrojado a un cerdo desde un helicóptero, vino a mi mente, como un impropmtu, la figura indiscutible del Dr. Albarracín y su compasión hacia los animales…Y por qué, me acordé de esta actual dirección de la Comisión Nacional de Monumentos, que tan pronto ignora los méritos de Albarracín, como permite que se arranque una escalera histórica de la Casa Rosada, entre otros atropellos al patrimonio argentino que les contaré más adelante.