La mirada y la interpretación de Oscar Andrés De Masi, arqueógrafo

martes, 25 de octubre de 2016

TARDE DE HOMENAJE A LA BEATA MARÍA ANTONIA DE PAZ Y FIGUEROA


El patio de la Quinta Los Ombúes colmado de público.
Foto MF

Desafiando la intensa tormenta de la tarde del 19 de octubre, un numeroso público se reunió en la Quinta Los Ombúes para recordar a la Beata María Antonia de Paz y Figueroa; una actividad pensada en conjunto con la Biblioteca Popular “Juan Martín de Pueyrredon”. Entre los asistentes se encontraban vecinos de San Isidro y visitantes de Buenos Aires, algunos de ellos, descendientes colaterales de la Beata.

La señorita Sandra Monzani dio apertura a la actividad comunicando la  excelente noticia de la inauguración del “Sistema de amplificación de aro magnético" en el patio de la Quinta, provisto gratuitamente por la Mutualidad Argentina de Hipoacúsicos. De este modo, el Museo, Biblioteca y Archivo Histórico Municipal de San Isidro Dr. Horacio Beccar Varela, como espacio de encuentro y cultura, dio anoche un paso más el diseño universal que consiste en adaptar el entorno, la comunicación y sus producciones de manera que puedan ser utilizados por todos los visitantes sin excepción.

Luego dio la bienvenida en nombre propio y del equipo de la Quinta Los Ombúes, su directora, la arquitecta Marcela Fugardo, quien transmitió a los presentes el saludo de adhesión y las bendiciones enviadas por la Hermana Zulema Sayas, superiora de la Congregación Hijas del Divino Salvador, ausente en Misiones. Señaló, además, que en esta ocasión, las puertas de la casona, plena de memoria, se abrían para evocar a una figura fundante de nuestra historia y de nuestra identidad colectiva, recientemente beatificada por el Papa Francisco. Su figura ilustre es recibida con la misma alegría y cortesía con que, seguramente, la hubiera recibido Mariquita Sanchez en ésta, su casa suburbana. 

La intención del Museo fue adherir a la beatificación con la reunión, en un mismo coloquio, de tres especialistas en historia, en arte y en patrimonio: la Dra. Alicia Fraschina, el Dr. Eduardo Tenconi Colonna y el Dr. Oscar Andrés De Masi.

La Dra. Alicia Fraschina es doctora por la Universidad de Buenos Aires e el área de Historia y actualmente se desempeña como profesora emérita titular en la escuela de Lenguas Modernas de la Universidad del salvador (USAL). Es autora del libro La expulsión no fue ausencia, la más completa y documentada biografía de la Beata.

Del Dr. Eduardo Tenconi Colonna señalamos que este año ha sido distinguido con la designación como Regente de la Escuela Nacional de Museología, función que él suma a sus cátedras en esa Escuela y en la UMSA, y a sus peritajes en materia de artes aplicadas, arte oriental y antigüedades mobiliarias. La imaginería de la Santa Casa es un tema que conoce desde hace muchos años.

El Dr. De Masi es conocido del público de Los Ombúes a través de sus conferencias dedicadas a la historia y al patrimonio monumental y artístico. Es el promotor de la declaratoria como monumento nacional, del sepulcro de la Beata en la iglesia de la Piedad; y ha sido el realizador, narrador y guionista del documental biográfico "María Antonia de San José, caminante y misionera", encomendado en 2015 por las Hijas del Divino Salvador.

La arquitecta Fugardo agradeció al escribano Vasallo por esta actividad institucional conjunta y cedió la palabra, en primer lugar a la Dra. Alicia Fraschina, a quien siguió el Dr Tenconi Colonna, quedando el cierre a cargo del Dr. De Masi.

Los tres disertantes fueron ubicados en un estrado con mobiliario antiguo, facilitado en préstamo, para la ocasión, por el anticuario sanisidrense Roberto Miranda.

La Dra. Fraschina efectuó una síntesis de la figura de la Beata y de su actividad misionera en favor de los Ejercicios Espirituales y del retorno de los jesuitas al Río de la Plata, tema que viene estudiando desde hace dos décadas; en tanto el Dr. Tenconi se refirió, acompañado de fotografías, al "tesoro" de imaginería que se custodia en la Santa Casa.

Para el cierre, el Dr. De Masi trazó un paralelo "carismático" entre la Beata y Mariquita Sanchez, como mujeres ejemplares y portadoras de identidad argentina, planteando una hipótesis que, aunque no está documentada, despertó el entusiasmo de los presentes: "¿y si la Beata hubiera sido huésped, alguna vez, de la Quinta Los Ombúes, en sus  fatigadas caminatas misioneras por el Pago de la Costa?¿Y si se hubiera inclinado sobre el brocal del patio para beber el agua fresca del aljibe de la quinta?


Dra. Alicia Fraschina
Foto MF

Dr. Eduardo Tenconi Colonna
Foto MF


El Dr. Oscar Andrés De Masi y la Dra. Alicia Fraschina en el estrado
Foto MF


El Dr. Vasallo, presidente de la Biblioteca Popular "Juan Martín de Pueyrredon", junto a la Dra. Fraschina y la Arq. Fugardo, directora del Museo, Biblioteca y Archivo Histórico Municipal de San Isidro "Dr. Horacio Beccar Varela".
Foto MF



miércoles, 28 de septiembre de 2016

THE WALL... LA INTEGRIDAD PATRIMONIAL DEL CEMENTERIO DE LA CHACARITA EN SERIO RIESGO (ACERCA DE LAS RECIENTES DEMOLICIONES EN UN SECTOR DEL MURO SOBRE LA AVENIDA ELCANO)

Por Oscar Andrés De Masi
Para http://viajealasestatuas.blogspot.com.ar
Bs.As., 14/setiembre/2016



Las imágenes testimonian la desmaterialización del muro antiguo sobre la avenida Elcano, y la situación irreversible en su punto de encuentro con los pórticos monumentales laterales. Un componente histórico arrancado y una lectura arquitectónica actual alterada en sus valores de integridad y autenticidad patrimonial (Fotos DM, setiembre 2016).

Con la rapidez fulminante y destructiva de una blitzkrieg, desde hace unos días el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires viene realizando demoliciones en un sector histórico del perímetro del cementerio de la Chacarita; más precisamente, en el muro perimetral sobre la avenida Elcano. La desmaterialización de galerías antiguas de nichos (o "nicheras monumentales" al modo de las columbaria romanas) y del mismo muro antiguo, causa estupor al observador. Unas "plazas de juegos" o espacio público o cosa similar han aparecido, ahora, insinuados en los sectores cuya arquitectura se ha suprimido… junto con su sello identitario.

El proyecto en cuestión (propiciado por la Dirección General de Espacios Verdes de la Ciudad) no ha sido suficientemente difundido (y mucho menos, discutido) en el seno de la comunidad, hasta donde yo tengo información. He consultado a diversos colegas patrimonialistas y tampoco disponen de mayores precisiones. Lo cual es alarmante.

Sin tener a la vista una memoria técnica del proyecto (e imposibilitado, por lo mismo, de conocer sus fundamentos urbanísticos), únicamente puede conjeturarse su alcance de un modo empírico, según salta a la vista con sólo caminar por la vereda. El "espacio público de recreación", por así llamarlo, ganado con la eliminación del muro y la galería de nichos, se introduce en el enterratorio (cuya cota se ha desplazado, ahora, a una segunda galería) y permite visuales hacia los nichos. Las mismas visuales se abren desde la vereda peatonal, desde la avenida vehicular y desde la vía del ferrocarril. Una visión por cierto inaudita y hasta chocante, para este tipo de enterratorio de diseño decimonónico, emplazado en un barrio de la ciudad.

No voy a relatarles aquí la historia de la Chacarita, por demás sabida. No voy a recalcar aquí los valores patrimoniales de este "enterratorio general de Buenos Aires". Ni voy a abundar en consideraciones acerca de sus proyecciones de memoria identitaria. Simplemente, voy a expresar dos reflexiones que, espero, causen algún efecto de reconsideración en las autoridades de la CABA y, a la vez, sirvan de argumento para aquellos que deseen alzar una voz de queja ante este atropello a un bien histórico porteño pero que adquiere implicancias en la construcción e interpretación de los procesos sociales del país entero, reflejados en la centralidad portuaria de su Capital. En ese aspecto, lo que ocurre en el cementerio de la Chacarita debería motivar el interés y la preocupación de todos los argentinos.


Primera reflexión: el muro como deslinde físico y simbólico de la "ciudad de los muertos"

El "tipo" de cementerio post-revolución francesa ha irradiado su paradigma a los países de América. Ya no se trata, entre nosotros, del "camposanto" a la manera española, contiguo al templo, ni de la profusión de losas sepulcrales en los pavimentos de las mismas iglesias.
Tampoco se trata de las necrópolis (del griego, nekros = los muertos, y polis = la ciudad… la ciudad de los muertos) que el antiguo derecho romano mandaba establecer extra pomerium, es decir, fuera del ejido urbano (no sea que los muertos contaminen a los vivos, como decía Cicerón), tal como lo intentó, también, Carlos IIIº con las Ordenanzas de 1787, resistidas en España e incumplidas en América. Y aunque en su origen, nuestros actuales cementerios porteños se asentaran en áreas alejadas, hoy se hallan insertos en la ciudad.

Estamos ante otro modelo de dispositivo simbólico, arquitectónico e higiénico a la vez. Y este modelo concreto, para nuestra praxis funeraria, requiere un claro deslinde entre el enterratorio como "recinto-de-memoria-ritualizada" y el resto de la ciudad. Y esa ritualización específica ocurre, precisamente, intramuros, dentro de unos confines de intimidad señalados por los muros. El muro, the wall, separa la ciudad de los vivos (ruidosa, agitada, ocupada en las funciones dinámicas de la vida), de la ciudad de los muertos (silenciosa, quieta, serena y estabilizada en el recuerdo). Los rituales de la ciudad de los vivos difieren de los rituales de la ciudad de los muertos. Éstos últimos se cumplen en el interior del cementerio y reclaman un cierto "pudor" (derivado de la condición fenoménica y del pathos propio de la muerte): el "muro" provee, precisamente, aquella silente intimidad, y aquel pudor que la visita a las tumbas y el tributo a los difuntos reclaman.

La eliminación del muro, y peor todavía, su suplantación con espacios de recreo, desnaturaliza doblemente este aspecto de una gravitas necesaria del ritual funerario urbano. La visión irrestricta de los sepulcros y de sus visitantes, desde el exterior, causa una sensación chocante e incómoda, en ambos sectores de ese espacio: porque si perturba a quien mira desde afuera, también perturbará al deudo que visita un sepulcro, la visión y la audición del tráfico de peatones, de automóviles, de motos y de trenes, que se impone, ahora, desde la avenida Elcano… y que antes eran favorablemente obstruidas por el muro y las galerías adosadas antiguas.

Cito, complementariamente, un trabajo inédito (Chacarita, enterratorio general de Buenos Aires) de Beatriz Patti-Sara Poltarak-Adriana Pruzan y mi querido amigo Julio Cacciatore: El borde [del enterratorio] constituido en su mayor parte por galerías de nichos, aísla al cementerio de la ciudad. En relación a lo visual, lo hace a través del contorno edilicio que emerge por encima del cerco; y en lo auditivo, mediante el ruido del tránsito vehicular que aportan las avenidas contiguas.

Desde el punto de vista de esta primera reflexión, la destrucción realizada por la autoridad comunal no encuentra explicación ni justificación plausible. Es no sólo un agravio a la materialidad histórica y artística del sitio funerario, sino también a la inmaterialidad de sus componentes memoriales y rituales.


Segunda reflexión: la pérdida de componentes históricos del cementerio

Voy a referirme ahora a lo que significaba ese muro, ya no como dispositivo de deslinde simbólico y ritual, sino como parte de un conjunto histórico de indudable valor patrimonial. Porque tenemos que dejar de pensar, frívolamente, que la suma de nuestro patrimonio funerario se halla únicamente en la Recoleta, cuyos méritos son indiscutibles. También la Chacarita, también el cementerio de Flores, y también los cementerios Alemán y Británico, desde otros lenguajes e imaginarios quizás, desde otra diversidad social, económica e incluso religiosa, desde otros horizontes inmigratorios, tienen mucho que expresar en el aspecto de una memoria identitaria porteña y argentina. No lo dudemos ni por un instante. De ahí que el cementerio de la Chacarita merezca un tratamiento patrimonial respetuoso. De ahí que, desde hace ya unos años, la Comisión Nacional de Monumentos haya resuelto la declaratoria nacional de diversos sectores y sepulcros de aquellos cementerios (y me honro en haber tomado parte en esa decisión plasmada, principalmente, en los Decretos P.E.N nº 1839/06, 654/08, 1289/07 y 525/2010).

Para referirme al muro, debo apelar a la imagen de la Chacarita previa al muro… Y viene en mi ayuda un texto bastante olvidado de Adrián Beccar Varela, alusivo a la gestión de Torcuato de Alvear como Intendente capitalino, que me fue facilitado por el Museo, Biblioteca y Archivo Histórico Municipal de San Isidro con sede en la Quinta Los Ombúes (Torcuato de Alvear, primer intendente municipal de la ciudad de Buenos Aires, su acción edilicia. Publicación oficial, Kraft, Bs.As., 1926).

Decía ABV: Si deficiente era el estado del cementerio del Norte, ¡qué decir del de la Chacarita! Un potrero sin cercos y donde no se enterraban los cadáveres, sino que se tiraban éstos casi a flor de tierra… (p.442).

En efecto, encuentro en mi archivo este texto de la Memoria de la Municipalidad de la ciudad de Buenos Aires, del año 1872 (p.95): Lo único que lamenta esta Sección [la Comisión de Higiene integrada por Justo Meza y Juan Argerich] es que todavía no se haya cercado de pilares con sus rejas correspondientes, pues da una triste idea que aún esté cercado con palos y alambre…

El Informe del Administrador del cementerio del año 1877 (que tengo a la vista en su impreso original) menciona la refacción hecha en el alambrado que circuye este cementerio… Al parecer, las tropas de ganado que ingresaban al enterratorio eran el principal problema. Por eso agregaba que una pared simple no importaría gravamen… el cercado, cualquiera que sea, no siendo el alambrado, evitaría a más las raterías y profanaciones que cada día se suceden… .(p.364)


Continúo con el relato de ABV: en el mensaje dirigido por Alvear al Concejo Deliberante el 27 de diciembre de 1880, hacía constar ese "estado deplorable". El cerco de alambre había sido destruido (facilitando las profanaciones) y debía reponerse. Pero Alvear sostuvo, con acierto y sentido común, que el sitio requería algo más que alambrados para resguardar de las profanaciones a los 40 mil cadáveres allí sepultados. Para ello, propuso licitar un muro de materiales como cerco perimetral. He allí el origen del componente "muro", que el Concejo autorizó.

En la Memoria de la Intendencia Municipal correspondiente a 1887 (también tengo a la vista su impreso original) se consigna que se dio principio a la construcción del muro de cerco en la parte de terreno de propiedad particular (p.290).

Y la Memoria del año 1888, que también tengo a la vista, informa que púdose terminar el muro de circunvalación, el cual se hizo después de demoler al que se había construido con el objeto de aislar la parte antes referida [alude a la adquisición del terreno cercado anteriormente]. Y concluye diciendo que el cementerio estaba cercado ya de muro (p.351). Cumplíase así el propósito de Torcuato de Alvear.

Según ABV, el muro original venía coronado por una cornisa "almenada", con pilares dispuestos cada tres metros y medio, y cuyos capiteles remataban en formas piramidales. Era la impronta formal que podía apreciarse, todavía, hasta hace pocos días. Dice ABV que se instalaron tres portones de hierro asegurados en pilares de material, rematados en cruces de mármol (éstas últimas ya habían sido retiradas hace tiempo).

El gesto "liberty" que aún se aprecia en los restos de ornamentación vegetal que permanecen junto a los pilares supérstites indicaría, quizás, algún retoque posterior, a favor del gusto art nouveau, aunque, de momento, no podría fundamentarlo.

En cuanto a las galerías de nichos eliminadas, fueron las primeras construidas circa 1900 para aquellos fallecidos cuyos restos recibían esta modalidad de sepultura (ya que aquí no podríamos hablar, propiamente, ni de "entierro" ni de "inhumación"). Ofrecían una visión de "contorno" o "cierre" de ese sector del cementerio, muy arquitectural y monumental, con templetes y columnatas trabajados en lenguaje clásico grecista (la segunda galería, supérstite ahora, presenta rasgos más bien italianizantes). Disponían de gran cantidad de "nichos" cerrados con lápidas, siguiendo el esquema tipológico de los columbaria (= palomares) romanos. Tal era su pregnancia iconográfica, que hasta se emitieron tarjetas postales que se enviaban, desde nuestro país, a otros países, haciendo viajar su imagen como un logro artístico de una Argentina que no escatimaba recursos estéticos y constructivos ni si quiera para sus muertos.

Desde el punto de vista de esta segunda reflexión, tampoco puede ponderarse como virtuosa la desmaterialización del muro y las galerías de nichos practicada por la autoridad comunal, sino más bien todo lo contrario. Se ha privado al complejo funerario de unos componentes valiosos de su arquitectura histórica y de su kunstwollen, su voluntad de forma artística. Para colono, hasta donde disponemos de información, tales sectores no presentaban ruina, sino los deterioros normales del paso del tiempo, la intemperie y la falta de mantenimientos; situaciones que podían remediarse mediante las debidas operaciones de restauración y puesta en valor. Su demolición, como partes históricas de un todo, no puede hallar justificación suficiente en la creación de unas "plazas" o "espacio de recreo", a expensas de la integridad del conjunto patrimonial.


La continuidad del muro antiguo sobre la avenida Elcano… ¡demolido! Cuesta entender esta decisión que afecta un componente histórico, funcional y simbólico del enterratorio 
(Foto OADM, 2011).



Una de las galerías-nicheras monumentales levantadas sobre el lateral de la avenida Elcano. ¡Hasta se emitieron tarjetas postales con su imagen! Un componente patrimonial singular, de fuerte pregnancia iconográfica funeraria… (Foto OADM, 2006).



Una calle interior del cementerio de la Chacarita. Al fondo, en el punto focal de la imagen, se distingue la galería cerrada sobre la calle Jorge Newbery, también en riesgo de desmaterialización… (Foto OADM, 2006).



Algunos interrogantes para el futuro inmediato

1.Un primer interrogante que cabe formularse ante la demolición es: ¿no estaban esos sectores legalmente protegidos por su antigüedad mayor a 50 años? ¿Actuó en este caso el Concejo de Asesoramiento Patrimonial? ¿Qué recomendó? Sería interesante saberlo.

2.Lo mismo cabe preguntarse acerca de la Dirección de Patrimonio de la Ciudad: ¿tuvo alguna intervención? ¿emitió opinión? ¿convalidó tácitamente la destrucción o procuró evitarla mediante algún dictamen?

3.Adicionalmente, tratándose de las "nicheras" antiguas pero con ocupación mortuoria: ¿se trató con el debido respeto a los restos humanos de allí removidos?

4.Éstos interrogantes aluden a lo irreversible del hecho ya cumplido: la demolición. Pero persisten interrogantes que atañen al futuro inmediato de esta obra pública que parece extenderse por la avenida Elcano. ¿Afectará los muros de los cementerios Alemán y Británico? En este caso, además del planteo simbólico, histórico y artístico, deberá ponerse en discusión el aspecto jurídico, ya que esos dos enterratorios son de propiedad privada.

5.Más todavía, en el caso del "muro histórico" del cementerio Británico, existen adosadas a él, una significativa cantidad de lápidas antiguas traídas desde el cementerio de disidentes  de la calle Victoria, y que conforman una reserva de memoria genealógica, de arte y de epigrafía lapidaria, cuya pérdida sería una catástrofe para el arte funerario y la diversidad patrimonial argentina.

6.¿Qué ocurrirá con las galerías de nichos establecidas sobre la calle Jorge Newbery (cuyos intercolumnios fueron posteriormente cerrados con muros de ladrillos, para evitar la visión directa de los nichos)? Son de muy buena arquitectura y construcción y, además, retienen su función de privacidad del recinto funerario.

7.Y una duda final: ¿comprometen estas obras la integridad del Crematorio, cuyo edificio data de 1903 y goza del status de monumento histórico nacional merced al Decreto P.E.N nº 1289/ 07? En ese caso, deberá tomar previa intervención la Comisión Nacional de Monumentos.

En síntesis: si lo ocurrido es irreversible, al menos intentemos evitar nuevas degradaciones del cementerio de la Chacarita, paradójicamente, ejecutadas por las autoridades locales… Al fin y al cabo debería quedar definitivamente claro que el patrimonio es un activo social que concierne a todos los ciudadanos, quienes deberían ser consultados, a la par de los especialistas, a la hora de alterar de un modo tan drástico, por vía de la obra pública, un bien histórico de semejante peso identitario. Que yo sepa, en este caso, no hubo consulta ninguna.



La incomprensible y chocante situación originada en la demolición del muro perimetral antiguo sobre la avenida Elcano (reemplazado por una verja corrida): un espacio abierto a modo de plaza que “se cuela” en el recinto funerario… Visión impúdica de las nicheras tipo columbario romano) desde la vereda y la calle… (Foto NEO, setiembre 2016).


Foto OADM, 2016

Foto OADM, 2016

Foto OADM, 2016

Foto OADM, 2016

Foto OADM, 2016

Foto OADM, 2016

Foto OADM, 2016

Foto OADM, 2016

Foto OADM, 2016




miércoles, 21 de septiembre de 2016

LA HISTORIA, LEJOS DEL BRONCE


Un recorrido por los personajes y relatos poco difundidos que se esconden tras los sitios de protección patrimonial
DOMINGO 10 DE OCTUBRE DE 2010, La Nación

De las casi míticas "maestras norteamericanas de Sarmiento" a una Mariquita Sánchez de Thompson rotundamente distante de la corrección del manual escolar, pasando por los siempre enigmáticos túneles de la Manzana de las Luces, los edificios y sitios históricos suelen guardar la memoria de sucesos apenas conocidos por la mayoría de todos nosotros. Con la ayuda de la Comisión Nacional de Museos, Monumentos y Lugares Históricos, LNR se adentró en algunos de estos relatos que hilvanan un recorrido en el que el pasado se hace presente.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

EL REGENTE NECESARIO (EDUARDO TENCONI COLONNA AL FRENTE DE LA ESCUELA NACIONAL DE MUSEOLOGÍA)


Por Oscar Andrés De Masi
Para http://viajealasestatuas.blogspot.com.ar
Bs.As., 2 de setiembre de 2016

La noticia de que el Cuerpo Plenario de la Comisión Nacional de Monumentos acordó la designación como regente de la ENaM del Dr. Eduardo Tenconi Colonna (distinguido docente y coordinador del Departamento de Arte en esa casa de estudios) es un motivo de alegría, de tranquilidad y de esperanza para quienes apreciamos a aquella institución educativa como una reserva de saberes y didácticas patrimoniales. La alegría es doble en mi caso, porque el Dr. Tenconi Colonna fue la persona cuya designación propuse a la cabeza de una terna a la entonces Secretaría de Cultura, en 2013, para sucederme en ese cargo. Lamentablemente, en aquella ocasión, nadie prestó atención a la recomendación. Nunca supe el por qué.

Ello derivó en la inmediata vacancia de la figura del regente y, luego, en una especie de "limbo institucional" en el cual permaneció la ENaM desde aquel momento, bajo la conducción, luego,  de un simpático aunque  fantasmal  regente-ausente ( que defraudó las expectativas de todos…). Una secretaria académica egresada de la ENaM, y librada a su suerte en tal coyuntura, fue la única garantía de algo parecido a una cierta "normalidad" institucional.

¿Por qué ocurrió esta situación? Quizás el desinterés de las autoridades de entonces al frente de la Comisión de Monumentos (primero, el interinato del adaptativo vicepresidente de la Comisión, y después, la presidencia a cargo de un arquitecto especialista en viviendas sociales, pero ajeno por completo a la disciplina patrimonial) respecto de la unidad académica que le depende, fue la causa de aquel estancamiento.

Cuando me retiré de la regencia, en el año 2013, el panorama era bien diferente: se había encarado un apreciable ordenamiento administrativo y académico; se había articulado una intensa sinergía con el Ciclo de Licenciatura que, por mi iniciativa, de Juan Martín Repetto, de Rubén Heguilein y de Ana Jaramillo , se abrió en la UNLa:  y nos alentaba la certeza de tener licitado, aprobado y presupuestado un anteproyecto de nuevo edificio para la Escuela, a construirse en la Manzana de las Luces.  Hasta publicamos el primer número de una revista científica on line , bajo el nombre de Museónica.

¿Por qué, en tan poco tiempo, pudimos llevar adelante este programa de ajustes virtuosos? La respuesta no tiene que ver con ninguna destreza excepcional ni de mi parte, ni de la secretaria académica que acompañó , con marcado profesionalismo, aquella gestión (la Lic. Betina Oubel), sino con tres factores decisivos y con un principio general operativo. Los factores fueron: 1) El apoyo que desde la Comisión Nacional de Monumentos  recibí de su presidente y mi amigo el arquitecto Juan Martín Repetto y de los colegas vocales; 2) La participación colaborativa del cuerpo docente; 3) La integración de los graduados y alumnos al proceso de mejoras, especialmente ofreciendo, como expectativa de credencialización superior, el CCC en la UNLa.

El principio general operativo fue que, de alguna manera, habíamos  trazado y consensuado entre todos, un "plan estratégico" (que fue presentado en un acto público en la Manzana de las Luces) que marcaba un rumbo y unas metas. Lento, quizás, en algún aspecto, pero rumbo al fin.

Hoy, la ENaM no exhibe ningún rumbo estratégico.

Desde mediados del año 2013, la Escuela  se estancó en este proceso dinámico. Se revirtieron, inexplicablemente, las iniciativas positivas y, peor aún, se abandonaron las gestiones en curso, en especial, la gestión ante la Dirección Nacional de Arquitectura para dotar a la Escuela de una nueva sede… Y comenzaron las lógicas protestas y las incertidumbres, (de docentes y de alumnos), ante la indiferencia de la poco experta conducción de la Comisión de Monumentos de aquel momento.

Como dije antes, los esfuerzos de una solitaria museóloga-secretaria académica no bastaron para suplir a un regente-ausente , cuyo paso ha quedado en el olvido con inusitada y merecida  rapidez.

La designación que recae hoy en el Dr. Tenconi Colonna, viene a poner de manifiesto el respeto de las autoridades responsables de la propuesta, por la historia de la ENaM, por su alumnado, por sus empleados, por sus graduados y por su claustro docente. 

Han pasado por la regencia de la Escuela figuras de prestigio y de indudables saberes y quehaceres patrimoniales, en un arco ideológico bien diverso. Ello, con el acompañamiento de presidentes de la Comisión Nacional de Monumentos que mostraban genuino interés en la ENaM (Alberto de Paula fue uno de ellos). Y como decía el antiguo derecho romano, desde que "el interés es la medida de la acción", sus acciones en favor de la ENaM eran consistentes con ese interés. Y, entre tales acciones, estaba la de procurar que la regencia estuviera a la altura de la unidad académica.

Confieso que esta acción de parte de la actual presidenta de la Comisión de Monumentos me ha sorprendido, gratamente. Y la aplaudo, porque demuestra sensatez: al Dr. Eduardo Tenconi Colonna lo preceden su prestigiosa trayectoria académica, su calidez humana y su integridad intelectual.  El respeto de sus colegas y el aprecio de sus alumnos son datos de sobra conocidos.


Para una Escuela Nacional de Museología que soportó estos tres años de incertidumbres, de indiferencias, de menosprecio, de mediocridad en definitiva, y que resiste merced a la complexión de su propia identidad (y a la evidente calidad de sus profesores, de sus alumnos, de sus empleados y de sus graduados), el Dr. Eduardo Tenconi Colonna, mío caro ed egregio amico, anché veramente  fratello nel cuore e nello spirito, es, en esta encrucijada de su historia, el regente necesario… 



lunes, 29 de agosto de 2016

EL SINGULAR CASO DE UN ESCULTOR DE BUENOS AIRES, CONDENADO POR LA INQUISICIÓN


Por Oscar Andrés De Masi
Especial para http://viajealasestatuas.blogspot.com.ar
Agosto 2016

Voy a relatarles una historia bien singular que ocurrió en la Buenos Aires colonial (y habrá esparcido su resonancia por entonces) y que tiene como protagonista a uno de los primeros escultores-imagineros que hubo en esta ciudad. La consignó Lafuente Machain en su conocida obra Buenos Aires en el siglo XVII, que publicó Emecé allá por 1944*. La rareza del caso estriba en su protagonista y en haber sido uno de las escasas condenas que decretó el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición sobre un vecino de Buenos Aires.

La cosa fue así: Manuel de Coyto era un portugués, nacido en 1637 en San Miguel de Barreros, cerca de Oporto. No sabemos en qué circunstancias llegó a Buenos Aires, pero por aquella época venían de Portugal numerosos artesanos, principalmente imagineros, plateros y herreros. Al parecer, su nombre se hizo conocido por haber ejecutado la imagen del Cristo de Buenos Aires que el gobernador Martínez de Salazar donó, en 1671, a la Catedral reconstruida, para una capilla anexa a cargo de la Hermandad del Santo Cristo que allí estableció. Se atribuyó a esta imagen (que fue varias veces restaurada, que todavía existe en la Catedral metropolitana y que Ribera y Schenone calificaron como obra de mérito subido)** el milagro de haber detenido una inundación a finales del siglo XVIII. También se menciona como obra de nuestro escultor, una imagen de San Miguel (de bulto y tamaño natural) que había estado en el Fuerte, sobre la portada principal. Debió haber realizado otras imágenes, pero poco o nada sabemos de ellas.

¿Cómo se originó su proceso ante la Inquisición? Como ocurrió en otros casos y ante otros tribunales porteños, fue por la denuncia de una mestiza del servicio de su casa (lo cual nos recuerda el juicio tajante del ex gobernador Rodriguez de Valdez y La Vanda en cuanto a que, si los criollos eran poco confiables para los españoles, los "mulatos" no lo eran en absoluto…). Al parecer, la mestiza era manceba del escultor; y vaya a saber qué desaires de alcoba habrán motivado la delación. El acusado fue apresado, presumiblemente engrillado, y su proceso, que comenzó el 30 de junio de 1672, se prolongó por cinco años, durante los cuales el reo padeció cárcel y tormento. El tormento era entonces un medio procesal admitido para obtener una confesión del acusado.

¿De qué se lo acusaba? De haber blasfemado contra Dios durante una enfermedad… ¿Quizás la fiebre o el padecimiento de su dolencia pudo haberle  arrancado alguna blasfemia? No lo sabemos, aunque ése fue el principal y previsible argumento (y tal vez el único disponible)  de su defensa: dijo que, desesperado por los terribles dolores que le causaba la enfermedad, no recordaba muy bien lo que había dicho, y que aquellos sufrimientos le hicieron perder la noción de sus palabras…

Lo cierto es que el reo, aún puesto en tormento, negó su culpabilidad, con la salvedad de su estado febril, y siempre sostuvo ser "cristiano viejo de padre y madre".

El escultor fue finalmente condenado a presentarse en acto público en la capilla del Tribunal, para oír misa y escuchar la lectura de su sentencia: debía abjurar de sus faltas y recibir 200 azotes por las calles de la ciudad, y padecer destierro por el término de cuatro años en el presidio de Valdivia. Bastante severa, pues, la condena.

El pobre Manuel de Coyto habrá marchado rumbo a su prisión. ¿Regresó alguna vez a Buenos Aires? No lo sabemos y sospechamos que no. Tampoco sabemos qué obras realizó luego, ni donde pasó el resto de su vida, hasta su muerte.

El rigor del Santo Oficio porteño, en este caso, parece excesivo. Especialmente, tratándose de uno de los pocos imagineros competentes que residiría en aquella Buenos Aires tan escasa de artistas. ¿Hubo, tal vez, envidias contra él que hayan derivado en su juicio y su sentencia? No deberíamos descartarlo. Las rivalidades entre artesanos de aquella época, y la parcialidad que en ellas podían asumir las autoridades eclesiásticas o los magistrados reales, es un capítulo de nuestra temprana historia del arte, que está, todavía, por escribirse. También ha de ponerse en la balanza la hostilidad que, con frecuencia, existía hacia los portugueses y la sospecha persistente de ser "cristianos nuevos". En cualquier caso, suprimido Manuel de Coyto del medio porteño por los varios años que duró su proceso y su remota condena, otros artistas  llenarían la vacante, al ser favorecidos con encomiendas de imaginería…

Cuando en tu viaje a las estatuas visites, en la Catedral metropolitana, el Santo Cristo de Buenos Aires, te vas a acordar de la suerte que corrió su autor.


Notas de mi fichero de "antigüedades coloniales porteñas":

*También puede leerse en José Toribio Medina, El Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición en las provincias del Plata, Buenos Aires, 1945. Curiosamente, nada dicen de este proceso Ribera y Schenone en El Arte de la imaginería en el Río de la Plata.

**Ribera A.L. y Schenone H: El Arte de la imaginería en el Río de la Plata, Bs.As.IAA, 1948, p.81
Para más datos, ver José Torre Revello, La Catedral, ANBA, Buenos Aires, 1947;  y Ernesto Luis Olivier, El Cristo de Buenos Aires, en revista Archivum de la JHEA, 1944.