La mirada y la interpretación de Oscar Andrés De Masi, arqueógrafo

jueves, 13 de agosto de 2026

ANTE UNA NOTICIA DESCONCERTANTE RELATIVA A LA EVENTUAL INSTALACIÓN DE UN LOCAL GASTRONÓMICO EN UNA BÓVEDA EN EL CEMENTERIO DE LA RECOLETA

A raíz de noticias periodísticas difundidas recientemente, según las cuales el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires daría o habría dado trámite a una licitación para instalar un local gastronómico en una bóveda del Cementerio de la Recoleta; y ante el supuesto caso de que dichas versiones sean ciertas, y habiendo sido consultado por amigos y colegas, hago pública mi opinión: 

1- La relevancia que ha tomado el fenómeno del Patrimonio funerario en los últimos tiempos -manifestado principalmente en las visitas guiadas a los cementerios y a otras señales de interés en el conocimiento de esos sitios identitarios como reservas de riqueza histórica, genealógica, artística y epigráfica- en modo algunos justifica el atropello a elementales códigos de pudor, de decoro y protocolos de etiqueta y buenas maneras ante el hecho funerario que, en última instancia, atañe a la muerte de los seres humanos, al destino final de sus restos y al duelo de los deudos.

2- La concurrencia de turistas a los cementerios no debería implicar la banalización del lugar, cuya característica de espacio ritualizado es parte sustantiva de su carácter histórico, religioso y sociocultural. Un expendio de comidas y de bebidas en un sepulcro vaciado de féretros, así disponga de la amplitud de una bóveda, contradice el discurso arquitectónico funerario propio de tal dispositivo de tumulación, toda vez que las bóvedas son tumbas colectivas concebidas para alojar a los ataúdes con los restos en los catres construidos a tal fin. Utilizar esas losas con fines de soporte a la gastronomía o apoyo de botellas u otros enseres, implica un uso impropio y desacralizador del recinto, y a la vez deriva en una distorsión de su lectura como edículo funerario.

3- Por otra parte, la comida o el festín funerario, que se verificaba en civilizaciones antiguas como el caso de Roma, o en culturas de pueblos hermanos latinoamericanos, carece de arraigo en nuestras costumbres argentinas.

4- En suma, la iniciativa, tal cual se la ha difundido, a) provoca un desvío en el correcto abordaje cognitivo del fenómeno funerario como parte de nuestro Patrimonio cultural material e inmaterial, b) banaliza un hecho delicado como la muerte al introducir una actividad comercial ajena al ambiente propio de un cementerio, c) podría herir la sensibilidad de los deudos que arriendan sepulturas en ese cementerio, d) interfiere, por el propio ajetreo del negocio, en el clima silente que el sitio reclama,  e implica, en fin, e) una muestra de mal gusto de parte de quien haya concebido la propuesta.

5- Si el problema del Cementerio de la Recoleta fuera lograr un flujo sustentable de recursos financieros, debería analizarse toda otra forma de producir ingresos que no vulneren la dignidad del lugar y sus representaciones simbólicas, y se exhiba con tan crasa intención crematística.